Cómo invertir en tecnología en tiempos de crisis

Ahora que soplan vientos de agotamiento de ciclo, puede ser importante focalizar la importancia de un ERP desde el punto de vista de la reducción de costes. Concretamente, es importante plantear la inversión en Tecnologías de la Información en base a los retornos que nos puedan proporcionar en un tiempo prudente. Existen varios parámetros a tener en cuenta para poder medir el retorno de las inversiones (ROI) en este entorno hostil que nos empuja a tomar conductas conservadoras. En primer lugar está el coste total de la inversión, que debe empezar a evaluarse desde unos criterios paralelos o similares a los que se plantean para los sistemas de la calidad. Es decir: deben evaluarse como los costes de la NO inversión y los riesgos que se asumen. ¿Qué coste puede tener la caída de un sistema? ¿Cuánto tiempo se pierde arrancando o deteniendo equipos? ¿Podemos disminuir el consumo energético de los sistemas de información? ¿Podemos externalizar los equipos y su administración? Este tipo de planteamientos son los que proporcionarán intuitivamente una estimación de precio razonable para una inversión. En segundo lugar debe evaluarse el riesgo en la desviación en el precio final. Es evidente que un proyecto que se aborde en base a una estimación variable de horas está contraindicado en esta situación, puesto que abre las puertas a una sangría y a importantes desviaciones para un proyecto mal evaluado. Pueden existir desviaciones en la realidad, y cabe la posibilidad de preveerlas, pero no debe ser en ningún caso el punto de partida del proyecto. En tercer lugar, el coste en recursos internos de la compañía dedicados al proyecto debe ser razonable, en el sentido de que los cambios que implican a toda la organización deben ser altamente efectivos. Para ello, es importante tener en cuenta la verticalidad o la especialización de la solución adoptada, y la flexibilidad de la propia compañía al cambio. Lo primero permite ejecuciones rápidas, y acertadas puesto que no es necesario inventar soluciones nuevas o adaptaciones costosas si simplemente es necesario adaptar circuitos o una simple parametrización. En cuarto lugar es importante estimar un precio razonable, donde hay un rango alto a descartar y también, por qué no, un rango bajo. Pocas veces está tan claro como en el entorno de las Tecnologías de la Información que el precio no debe ser un elemento esencial de negociación. El sentido común no enseña que la satisfacción de haber forzado un mejor precio no es la mejor manera de colaborar con un proveedor estratégico, con el que la confianza es un valor esencial. Finalmente, es importante evaluar el “riesgo proveedor”. Aparentemente, cuando se aborda una inversión, parece que las grandes compañías multinacionales proporcionan más garantías de continuidad que los proveedores locales, y existe una gran presión de opinión pública apoyando esta idea. No obstante, si miramos la realidad veremos que hay básicamente dos factores a tener en cuenta. En primer lugar la concentración que se está produciendo a nivel de grandes compañías puede implicar que nuestro software pase a ser la “segunda marca”, o tercera… de una multinacional, de la que pasamos a ser “rehenes” en cuanto a servicios y evolución de producto. En segundo lugar, estos ERPs dependen de un implantador local, que acaba siendo la cara y la cruz del éxito del proyecto. La pregunta fundamental es si en el entorno actual estamos dispuestos a asumir el precio de adquisición de un sistema genérico, más un coste importante de verticalización muy variable, sobre un producto que nuestro proveedor real no controla, frente a una solución donde el precio puede ser más adecuado y el rendimiento la efectividad y el coste mucho mejor. Fuente: www.noticias.com

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